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Ayudar nos ayuda… nos da salud y felicidad

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Ayudar genera felicidad personal y colectiva.

Nuestros mayores momentos de felicidad están relacionados con la solidaridad y las relaciones afectivas, porque las situaciones que nos hacen más felices son: viajar a un lugar exótico (44%), tener un hijo (47%) y ayudar a personas desfavorecidas (82%).

Los humanos ayudamos porque somos capaces de sentir y de ponernos en la piel de los demás.
Compartir tiempo con los demás, ocuparse de otros, no solo da felicidad, sino que es bueno para la salud. Muchas investigaciones relacionan altruismo con efectos beneficiosos sobre la salud. Hay una fuerte correlación entre bienestar, felicidad, salud y longevidad. Ayudar a los demás tiene recompensa.

La ayuda no es un lujo, sino una necesidad mental y física. Vivir de espaldas a lo que somos nos hace infelices. Del estudio se desprende que, cuanto menos ayudamos a los demás, más importancia damos al dinero. Es un mecanismo compensatorio porque los humanos necesitamos acumular muchas cosas materiales para mantener el nivel de satisfacción. Necesitamos motivarnos y buscamos una fuente de felicidad u otra. Pero es importante recordar que no hay una sola fuente de felicidad, sino muchas, y la única a la que no podemos renunciar es la capacidad de empatía y altruismo.

Los estudios confirman que, tanto si tenemos más bienes materiales, como si nuestras experiencias son más vivenciales, el subidón de felicidad que sentimos es muy alto. La diferencia es que, tras una experiencia material, regresamos antes al nivel inicial de felicidad, mientras que tras una experiencia emocional, el nivel de felicidad sigue más alto durante más tiempo. Las personas que colaboran con ONG priman las relaciones frente a la acumulación de bienes.

Según el estudio realizado y dirigido por Elsa Punset.

En otro conocido experimento, David Mc Clelland, psicólogo de la Universidad de Harvard, mostró a un grupo de estudiantes una película sobre la Madre Teresa trabajando entre los enfermos y los pobres de Calcuta. Los estudiantes declararon que la película había estimulado sus sentimientos de compasión. Más tarde, se analizó la saliva de los estudiantes y se descubrió un incremento en el nivel de inmunoglobulina A, un anticuerpo que ayuda a combatir las infecciones respiratorias.
En otro estudio realizado por James House en el Centro de Investigación de la universidad de Michigan, los investigadores descubrieron que realizar trabajos de voluntariado con regularidad, interactuar con los demás en términos dé benevolencia y compasión, aumentaba espectacularmente las expectativas de vida y probablemente, también la vitalidad general. Muchos investigadores del nuevo campo de la medicina mente-cuerpo han realizado descubrimientos similares y concluido que los estados mentales positivos pueden mejorar nuestra salud física.
En una encuesta de Alían Luks, realizada entre varios miles de personas que participaban regularmente en actividades de voluntariado, más del 90% declaró tener una sensación de «entusiasmo» asociado con la actividad, caracterizado por un incremento de energía y autoestima y una especie de euforia. El voluntariado no sólo Proporcionaba una interacción que era emocionalmente nutritiva sino también esa «serenidad del que ayuda», vinculada con el alivio de perturbaciones derivadas del estrés.

Si es bueno para nosotros y es bueno para los demás, ¿por qué no practicamos este deporte un poquito más?
¿por qué no estimulamos al resto de la sociedad a que sientan esta felicidad?

Fuentes del texto:

http://www.somosasi.org/teoria_de_la_solidaridad.php

http://revista.consumer.es/web/es/20120601/pdf/entrevista.pdf

http://www.actosdeamor.com/dalai.htm

 

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