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Dignidad

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La dignidad, o «cualidad de digno», deriva del adjetivo latino digno y se traduce por «valioso». Hace referencia al valor inherente al ser humano en cuanto ser racional, dotado de libertad y poder creador, pues las personas pueden modelar y mejorar sus vidas mediante la toma de decisiones y el ejercicio de su libertad.
La dignidad se explica en buena medida por la «autonomía» propia del ser humano, como vieron ya Platón, Pico della Mirandola y Kant, pues sólo el que sabe y puede gobernarse a sí mismo, según un principio racional, resulta “señor de sus acciones” y en consecuencia, al menos parcialmente, un sujeto libre; al regular su comportamiento según normas propias, según el significado etimológico de la voz griega ‘auto-nomía’, ya no es un mero súbdito, ya no está bajo el dictado de otro, sino que es un ciudadano. Entendemos que esa autonomía o dignidad es solo un «potencial de emancipación» respecto a las necesidades e imposiciones naturales o sociales y en la historia universal del género humano.
La dignidad se basa en el reconocimiento de la persona de ser merecedora de respeto, es decir que todos merecemos respeto sin importar cómo seamos. Al reconocer y tolerar las diferencias de cada persona, para que ésta se sienta digna y libre, se afirma la virtud y la propia dignidad del individuo, fundamentado en el respeto a cualquier otro ser.

Fuente del texto Wikipedia.

Ves a bomberos luchando sin medios contra el fuego y a políticos que dan lecciones de austeridad sin aplicarse ninguna. A personas recogiendo sobras en los supermercados y a usureros enriqueciéndose sobre las cenizas de sus ahorros. A una anciana sentada en mitad de la calle junto a sus pertenencias, después de haber sido desahuciada. Y temes que se acerca el día, si no ha llegado ya, en el que consigan llevarse lo último que mantiene a una sociedad en dificultades en pie. Dignidad, lo llaman.

Lees que amas de casa que no llegan a fin de mes se están viendo forzadas a hacer la calle. No porque carezcan de dignidad, sino porque les sobra para hacer lo que haga falta para sacar a los suyos adelante. Te cuentan la historia del trabajador que ha tenido que dejar su empleo porque no podía costearse la subida del transporte público, decidida por la casta que se desplaza en limousine. Te enteras del cierre de colegios y del despido de profesores, mientras políticos glotones pretenden cobrar a los alumnos en apuros por traerse el almuerzo de casa. Y temes que estén ganando.

Entonces ves a esos bomberos sin medios jugarse la vida por salvar la vivienda de alguien a quien no conocen. A vecinos que se unen para defender a la anciana desahuciada. A trabajadores que tras años cumpliendo con su tarea, y con la del compañero que no se presenta a cumplir con la suya, siguen haciendo el esfuerzo. Aunque este año no haya paga extra. Aunque al llegar a casa, sentados frente al televisor, los noticiarios les restrieguen cada noche la impunidad de los que nos han llevado hasta aquí.

Y te acuerdas de aquella canción de Deacon Blue que contaba la historia de un barrendero que no se deja vencer. Ha trabajado toda la vida honestamente en su municipio, ignorando las burlas de los niños que lo ven pasar y ahorrando el poco dinero que puede en una caja. Su sueño es reunir algún día lo suficiente para comprarse una pequeña barca con la que salir a navegar. Dignidad, piensa llamarla.

David Jiménez, periodista y escritor.

 

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