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El adiós

El adiós

Y entonces, un hombre y una mujer, tomados de la mano y con lágrimas en los ojos, se acercaron y le dijeron:
“Háblanos del Adiós”.
Y él mirándolos con ternura infinita respondió:

Así como no os encontráis cuando se encuentran vuestras manos o se mezclan vuestras voces, sino cuando vuestros corazones se unen y vuestros espíritus se hablan.
Así como no os separáis cuando partís materialmente o cuando vuestras miradas se buscan sin lograr hallarse o cuando vuestras manos no pueden darse mutuamente calor, sino cuando un muro se levanta entre vuestros corazones y cuando vuestros espíritus no hablan ya más la misma lengua.

El pájaro besa suavemente la flor por un momento y, luego, se confunde con el cielo. Y sin embargo, ha dejado en los pétalos el corazón del fruto de la mañana.
El río toca las raíces de la planta que en él se refleja y sigue su curso…
Y, sin embargo su agua quedará en el árbol y se hará calor y perfume en sus flores…

Así, si os habéis encontrado de verdad, si vuestras almas se han fundido como el agua y el árbol, el espacio y el tiempo no pueden separaros, porque lo mejor del uno florecerá en el otro a través de las primaveras.
Y el agua del río, hecha savia en el árbol, se elevará con él, en un cántico de gracias hacia el cielo.

Y cuando en un futuro próximo o lejano, las manos del Destino, os pongan de nuevo frente a frente, no diréis:
“Te perdí y vuelvo a encontrar”… sino:
“Fuiste un sueño que vivió en mí para convertirse en realidad”.
Y habéis vivido, a pesar de la distancia y el tiempo, unidos el uno al otro.
Vuestro reencuentro no será el del viajero que vuelve a su ciudad y la encuentra cambiada, sino como el de aquel que besó los capullos de su jardín un atardecer, soñó con ellos durante la noche y, al despertar, los vio, con gozo convertirse en flores; o como el del que cerró un momento los ojos velados por las lágrimas y al volver a abrirlos, halló al Ser Amado más bello, más puro y más suyo.

En verdad os digo que el adiós no existe:
Si se pronuncia entre dos seres que nunca se encontraron, es una palabra innecesaria…
Si se dice entre dos que fueron uno, es una palabra sin sentido…
Porque en el mundo real del espíritu, sólo hay encuentros y nunca despedidas. Y porque el recuerdo del Ser Amado crece en el alma con las distancias, como el eco en las montañas del crepúsculo.

Kahlil Gibrán

 

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