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El desafío de Aristóteles

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Cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil.
Pero estar furioso con la persona correcta,
en la intensidad correcta, en el momento correcto,
por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil.

Aristóteles, “Ética a Nicómaco”.

Tomemos como referencia estas cinco premisas que Aristóteles señalo a tener en cuenta para dejar fluir el enfado.
Si cumplimos con todas podemos legítimamente, enfadarnos. Si en estos momentos te sientes enojado con alguien, te encuentras en una situación de desencuentro con otra persona, te desafío a que aciertes con todas las respuestas.
Te adelanto que es imposible que las cinco se cumplan, es probable que siempre te falte al menos una de ellas de ahí que, para Aristóteles, sería inútil enfadarse.

1- ¿Es la persona correcta con quien debo enojarme?
2- ¿Tiene mi enfado la intensidad acertada?
3- ¿Es, este el momento preciso para enfadarme?
4- ¿Estoy manifestando mi enfado de manera correcta?
5- ¿El motivo por el cual me enojo, es, realmente, válido?

Siguiendo con Aristóteles, ese espíritu único que no contento con interesarse en la metafísica y las ciencias naturales, también intento determinar las condiciones de la la buena vida, que describió en Ética a Nicómano, libro con el que Aristóteles, sentó las bases que posteriormente se agruparon bajo el concepto de Inteligencia Emocional: “En efecto, parece que la ira oye en parte a la razón, pero la escucha mal, como los servidores apresurados que, antes de oír todo lo que se les dice, salen corriendo, y luego, cumplen mal la orden, y como los perros que ladran cuando oyen la puerta, antes de ver si es un amigo. Así la ira oye, pero, a causa del acaloramiento y de su naturaleza precipitada, no escucha lo que se les ordena y se lanza a la venganza.”

María José Bosch

 

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