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El Yo

El Yo

Un tallista en madera llamado Ching acababa de terminar un yugo de campana.
Y todo el que lo veía se maravillaba, porque parecía obra de espíritus.
Cuando el duque de Lu lo vio, le preguntó: “¿Qué clase de genio es el tuyo, que eres capaz de hacer algo así?”

Y el tallista respondió: “Señor, no soy más que un simple trabajador. No soy ningún genio. Pero le diré una cosa: cuando voy a hacer un yugo de campana, paso antes tres días meditando para tranquilizar mi mente. Cuando he estado meditando durante tres días, ya no pienso en recompensas ni emolumentos.

Cuando he meditado durante siete días, de pronto me olvido de mis miembros, de mi cuerpo y hasta de mi propio yo, y pierdo la conciencia de cuanto me rodea. No queda más que pericia. Entonces voy al bosque y examino cada árbol, hasta que encuentro uno en el que veo en toda su perfección el yugo de campana.

Luego, mis mano empiezan a trabajar. Como he dejado mi yo a un lado, la naturaleza se encuentra con la naturaleza en la obra que se realiza a través de mi. Esta es, indudablemente, la razón por la que todos dicen que el producto final es obra de espíritus”.

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Decía un violinista mundialmente famoso acerca de su genial interpretación del Concierto para Violín de Beethoven: “Tengo una espléndida música, un espléndido violín y un espléndido arco. Todo lo que tengo que hacer es reunirlos y quitarme de en medio”.

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Una mujer estaba agonizando. De pronto, tuvo la sensación de que era llevada al cielo y presentada ante el Tribunal. “¿Quién eres?”, dijo una Voz. “Soy la mujer del alcalde”, respondió ella. “Te he preguntado quién eres, no con quién estás casada”. “Soy la madre de cuatro hijos”. “Te he preguntado quién eres, no cuántos hijos tienes”. “Soy una maestra de escuela”. “Te he preguntado quién eres, no cuál es tu profesión”. Y así sucesivamente. Respondiera lo que respondiera, no parecía poder dar una respuesta satisfactoria a la pregunta “¿Quién eres?”.
“Soy una cristiana”. “Te he preguntado quién eres, no cuál es tu religión”. “Soy una persona que iba todos los días a la iglesia y ayudaba a los pobres y necesitados”. “Te he preguntado quién eres, no lo que hacías”. Evidentemente, no consiguió pasar el examen, porque fue enviada de nuevo a la tierra. Cuando se recuperó de su enfermedad, tomó la determinación de averiguar quién era. Y todo fue diferente. Tu obligación es ser. No ser un personaje ni ser un don nadie -porque ahí hay mucho de codicia y ambición-, ni ser esto o lo de más allá -porque eso condiciona mucho-, sino simplemente ser.

Anthony de Mello, “La oración de la rana”

 

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