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Háblanos de sexo

sexo

Y la esposa de un
comerciante le pidió:
«Háblanos de sexo.»

Y él respondió:
Hombres y mujeres murmuran entre ellos porque han convertido un gesto sagrado en un acto pecaminoso.
Éste es el mundo en el que vivimos. Y robar el presente de su realidad es peligroso. Pero la desobediencia puede ser una virtud cuando sabemos usarla.
Si los cuerpos simplemente se unen, no hay sexo, sólo placer. El sexo va mucho más allá del placer.
En él caminan juntos la relajación y la tensión, el dolor y la alegría, la timidez y el coraje de ir más allá de los límites.
¿Cómo poner en sintonía tantos estados opuestos? Sólo hay una manera: a través de la entrega.
Porque el acto de la entrega significa: «Yo confío en ti.»
No basta imaginar todo lo que podría suceder si nos permitiésemos unir sólo nuestros cuerpos. También debemos unir nuestras almas.
Sumerjámonos juntos, por tanto, en el peligroso camino de la entrega. Aunque sea peligroso, se trata del único que debemos recorrer.
Y aunque eso provoque grandes transformaciones en nuestro mundo, no tenemos nada que perder, porque ganamos el amor total, abrimos la puerta que une el cuerpo al espíritu.
Olvidemos lo que nos enseñaron: que es noble dar y humillante recibir.
Porque, para la mayoría de las personas, la generosidad consiste sólo en dar. Pero recibir es también un acto de amor. Permitir que el otro nos haga feliz también lo hará feliz a él.
En el acto sexual, cuando somos excesivamente generosos y nuestra mayor preocupación es la pareja, nuestro placer también puede disminuir, o desaparecer.
Cuando somos capaces de dar y de recibir con la misma intensidad, el cuerpo se pone tenso como la cuerda de un arco, pero la mente se relaja, como la flecha que se prepara para que el arquero la dispare. El cerebro ya no maneja el proceso; el instinto es el único guía.
Cuerpo y alma se encuentran, y la Energía Divina se esparce. No sólo en aquellas zonas que muchos consideran eróticas. Cada pelo, cada trozo de piel emanan una luz de un color diferente, lo que provoca que dos ríos se transformen en uno solo más poderoso y más bello.
Todo lo que es espiritual se manifiesta de forma visible, todo lo que es visible se transforma en energía espiritual.
Todo está permitido, si todo se acepta.
El Amor, a veces, se cansa de hablar sólo un lenguaje suave. Pues dejemos que se manifieste en todo su esplendor, que arda como el sol y destruya bosques con su viento.
Si un miembro de la pareja se entrega totalmente, el otro hará lo mismo, ya que la vergüenza se acabará transformando en curiosidad. Y la curiosidad nos lleva a explorar todo aquello que no conocíamos en nosotros mismos.
Procurad ver el sexo como una ofrenda. Un ritual de transformación. Como en todo ritual, el éxtasis está presente y glorifica el final, pero no es el único objetivo. Lo más importante es recorrer con nuestro compañero la carretera que nos ha llevado a un territorio desconocido, donde encontramos oro, incienso y mirra.
Dad a lo sagrado el sentido de lo sagrado. Y en caso de que surjan momentos de duda, siempre es necesario recordar: no estamos solos en estos momentos, ambas partes sienten lo mismo.
Abrid sin temor la caja secreta de tus fantasías. El coraje de uno estimulará la valentía del otro.
Y los verdaderos amantes podrán entrar en el jardín de la belleza sin temor a que nadie los juzgue. Ya no serán dos cuerpos y dos almas que se encuentran, sino una única fuente de la que brota la verdadera agua de la vida.
Las estrellas contemplarán sus cuerpos desnudos, y ellos no sentirán vergüenza. Los pájaros volarán cerca, y los amantes imitarán el ruido de las aves. Los animales salvajes se acercarán con cautela, porque más salvaje es lo que están viendo. Y agacharán la cabeza en señal de respeto y sumisión.
Y el tiempo dejará de existir. Porque, en la tierra del placer que nace en el verdadero amor, todo es infinito.

Fragmento de “El manuscrito encontrado en Accra” de Paulo Coelho

 

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