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«Nunca he sabido en qué dirección ir.»

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Y dijo un muchacho que debía partir aquella noche:
«Nunca he sabido en qué dirección ir.»


Y él respondió:
Al igual que el sol, la vida esparce su luz en todas las direcciones.
Y cuando nacemos, lo queremos todo al mismo tiempo, sin controlar la energía que se nos da.
Pero, si necesitamos fuego, hay que hacer que los rayos del sol vayan todos hacia el mismo lugar.
Y el gran secreto que la Energía Divina reveló al mundo fue el fuego. No sólo el que calienta, sino el que transforma el trigo en pan.
Y llega el momento en el que necesitamos concentrar ese fuego interno para que nuestra vida tenga un sentido.
Entonces preguntamos al cielo: «Pero ¿cuál es el sentido?»
Algunos apartan de sí esa pregunta: molesta, perturba el sueño y no hay una respuesta al alcance de la mano. Son los que después pasarán a vivir el día de mañana como el día de ayer.
Y, cuando la Dama de la Guadaña llegue, dirán: «Mi vida ha sido corta, he desaprovechado mi bendición.»
Otros aceptan la pregunta. Pero, como no saben responderla, se ponen a leer lo que escribieron aquellos que afrontaron el desafío. Y de repente encuentran una respuesta que creen que es la correcta.
Cuando eso sucede, se convierten en esclavos de esa respuesta. Crean leyes que obligan a todo el mundo a aceptar lo que ellos piensan que es la razón de la existencia. Construyen templos para justificarla y tribunales para juzgar a los que la contravienen.
Finalmente, están aquellos que comprenden que la pregunta es una trampa: no tiene respuesta.
En vez de perder tiempo en la trampa, deciden actuar. Vuelven a la infancia, buscan en ella lo que más los entusiasmaba y —a pesar del consejo de los más viejos— dedican su vida a hacerlo realidad.
Porque en el Entusiasmo está el Fuego Sagrado.
Poco a poco, descubren que sus gestos están unidos a una intención misteriosa que se encuentra más allá del conocimiento humano. Y bajan la cabeza en señal de respeto al misterio y rezan para no desviarse de un camino que no conocen, pero que recorren a causa de la llama que arde en sus corazones.
Usan la intuición cuando es fácil conectarse con ella y usan la disciplina cuando la intuición no se manifiesta.
Parecen locos. A veces, se comportan como locos. Pero no están locos. Descubrieron el verdadero Amor y el poder de la Voluntad.
Y sólo el Amor y la Voluntad les revelan el objetivo y el rumbo que deben seguir.
La Voluntad es cristalina, el Amor es puro y los pasos son firmes. En los momentos de duda, en los momentos de tristeza, nunca olvidan: «Soy un instrumento. Permíteme ser un instrumento capaz de manifestar Tu Voluntad.»
Escogen el camino, y tal vez no entiendan el objetivo hasta que estén ante la Dama de la Guadaña. En eso reside la belleza del que sigue adelante teniendo como único guía el Entusiasmo y respetando el misterio de la vida: su camino es bello y su carga es ligera.
El objetivo puede ser grande o pequeño, estar muy lejos o al lado de casa, pero va en su busca con respeto y honor. Sabe lo que significa cada paso y cuánto esfuerzo, entrenamiento e intuición le costó.
No sólo se concentra en la meta que debe alcanzar, sino en todo lo que pasa a su alrededor. Muchas veces se ve obligado a parar porque ya no le quedan fuerzas.
En ese momento, el Amor aparece y dice: «Piensas que caminas hacia un punto, pero la existencia de ese punto sólo está justificada porque lo amas. Descansa un poco y, en cuanto puedas, levántate y sigue adelante. Porque desde que supo que ibas hacia él, también él corre a tu encuentro.
El que olvida la pregunta, el que la contesta o el que entiende que la acción es la única manera de afrontarla va a encontrar los mismos obstáculos y va a alegrarse con las mismas cosas.
Pero sólo el que acepta con humildad y coraje el impenetrable plan de Dios sabe que está en el camino correcto.»

Fragmento de “El manuscrito encontrado en Accra” de Paulo Coelho.

 

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