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¿Quién soy?

¿Quién soy? , ¿Quién eres?.
¿Realmente crees conocerte?.
¿Quién serías si hubieras nacido en Somalia, Argentina o China?
¿Hombre o mujer?,…
No nos han ensañado a saber quiénes somos realmente.
En mis pequeños pasos a la existencia plena, a intentar saber quién soy, cada día tengo la necesidad de seguir viendo y aprendiendo.
Dejar de lado el miedo al silencio, a estar sola, a perderme…
Vivo en una verdad que es mentira, o ¿una mentira que es verdad?, a veces no sé ni siquiera qué sé.
Pero cuanto más leo y observo, más veo y aprendo.
¿A qué tengo miedo?, ¿por qué me enfado?, ¿por qué entristezco?,…
Cada vez soy más consciente de mi sufrimiento y leo a través de esa ventanita entreabierta en mi cerebro mis adentros.
A veces este ver y aprender es un agridulce sentimiento.
Agrio porque siento que me alejo.
Que me alejo de lo conocido, de lo que siempre me ha envuelto y “defendido”.
Pero es dulce, porque intuyo que nada me tiene que defender.
Soy fuerte por mi misma y ese mundo del que creo me alejo es el mismo en el que sigo creciendo.
Simplemente es el mismo lugar en un plano diferente.
Habrá quien me entienda y respete; habrá quien me juzgue y critique.
Pero aquellos que realmente me quieran intentarán siempre comprenderme.
Quiero leer más, quiero comprender más, llegar a la fuente donde está el manuscrito que dice quien soy.
Sentarme a meditar o simplemente estar conmigo misma y con el resto de un forma consciente y coherente.
Viendo, observando y aprendiendo.
Haciéndome preguntas cada momento, sin juzgar:
¿por qué me ataca?, ¿por qué me grita?, ¿por qué me mira?,… y ver más allá.
Ver que todos tenemos nuestra venda en los ojos, nuestros puntos negros, que sufrimos al son de una misma melodía.
La que nos enseñaron.
Quiero empezar a aprender lo que no fue enseñado, lo secreto, y quizá así, consiga entender el universo.
No debo tener miedo a perderme porque si lo hago sabré que el próximo camino a coger debe ser diferente, y aprendo. Y al aprender mi paso será más firme y seguro.
Debemos siempre seguir leyendo, observando, escuchando y viendo.
Que la tele no nos quite demasiado tiempo con sus mensajes de terror o divertimento, que la moda no nos distraiga con la ensoñación de un mundo bello, que las drogas no nos nublen el cerebro ni un momento,…
No nos hemos dedicado tiempo.
No nos queda demasiado tiempo.
Sufrimos porque no nos enseñaron a reaccionar correctamente ante los acontecimientos, odio, rencor, venganza, posesión, envidia,… hasta el más pequeñito se clava hasta adentro.
Y se queda ahí si no se comprende.
Sólo podremos llegar a ser libres de verdad desde dentro.
Y así, quizá, hacer libres al resto.

Airún M.

 

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