Blog

Recuerden: hay vida antes de la muerte

Recuerden

A finales de agosto es imposible no pensar en las cosas que te gustaría que pensaran la mayoría de los españoles. Ahí van las seis primicias que, muy probablemente, hayan asimilado este año. Al terminar el verano no les sabrá mal recordarlas y les podrán ayudar a terminar el año sin angustiarse.

Uno. No me voy a cansar de repetirlo aunque muy pocos observadores quieran recordarlo. No estamos sumidos en una crisis planetaria que afecte a todos por igual. Esta es una crisis específica de países muy específicos que no quisieron enterarse de que se habían endeudado en exceso, hasta que ya era tarde.

Dos. No puede olvidarse que la mayor noticia –la que afecta a casi todo el mundo y no solo a financieros y políticos contados con los dedos de una mano– es que la esperanza de vida ha vuelto a aumentar dos años y medio esta última década. Esto nos permite afirmar nada menos que «hay vida antes de la muerte». La gente supuestamente pensante había estado convencida hasta ahora de que lo único que importaba era saber si había vida después de la muerte.

Tres. Hasta ahora la Medicina era la «medicina de las enfermedades en lugar de ser la del bienestar». Hoy, más de un 25 por ciento de la población mundial está aquejada por la soledad, la tristeza o el estrés, a los que solo se combate con fármacos, cuando se repara en ello. El cimiento de las estructuras llamadas a mitigar estas plagas son las políticas de prevención, responsables de que disminuyan drásticamente, o se vean seriamente mermadas, las demandas futuras de prestaciones sociales que han provocado el caos en la oferta. Falta muy poco tiempo para que la prevención sea más importante que la curación.

Cuatro. Hace muy poco tiempo que la ciencia no ha tenido más remedio que aceptar que solo hay una cosa que nos diferencia del resto de los animales. Son las redes sociales: nada predeterminado que no podamos crear o establecer. Resulta que la capacidad de dialogar con la manada a la que se pertenece es de capital importancia; la gran diferencia consiste en que ese diálogo antes costaba varios siglos antes de expresarse en un gran salto adelante, como una cultura o una ciudad o una civilización, y hoy es cuestión de pocos años crear una nueva ruta de la seda o de los robots.

Cinco. Nuestra civilización ha constatado la importancia del conocimiento acumulado en el inconsciente y el potencial casi infinito de la intuición, comparado con el esquelético panorama de la mal llamada «conciencia» o pensamiento consciente. Me resulta muy difícil olvidarme de las personas que me han parado en la calle para agradecerme que les haya ayudado a recuperar la confianza en la intuición; sus familiares les habían obligado, literalmente, a no recurrir a ella o a cualquier cosa que no se asemejara a la razón.

Seis. El descubrimiento y la orquestación del aprendizaje emocional los enumero en sexto lugar, porque me encanta el seis, que puede fácilmente convertirse en nueve, pero no porque no sea el descubrimiento más importante verificado y comprobado por la especie humana. Resulta que todo el vendaval emocional, apartado hasta ahora del conocimiento, está aflorando alentado por la propia ciencia cognitiva, que todavía no ha encontrado una explicación al hecho insólito de que hayamos podido sobrevivir sin la gestión emocional.

Por último, deberemos aprender a gestionar sin conculcar las verdaderas dimensiones de la felicidad; recuperar para la manada a los jóvenes, que hemos dejado fuera –siempre se había recurrido a ellos en tiempos de crisis–; y acostumbrarse después de los descubrimientos de la física cuántica a sustituir una buena parte de la rigidez dogmática que nos ha regido por las dosis necesarias de incertidumbre.

Artículo de Eduard Punset publicado en www.eduardpunset.es

 

Follow

Get every new post on this blog delivered to your Inbox.

Join other followers: