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Sabias Reflexiones

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Justicia

Cuando era pequeño, Cosroes (más tarde Cosroes I, rey de Persia) tenía un maestro tan bueno, que le hacía obtener resultados brillantes en todas las disciplinas que le enseñaba.

Cierta tarde, el maestro, aparentemente sin motivo alguno, lo castigó con gran severidad.

Años después, Cosroes subió al trono. Una de las primeras medidas que tomó fue ordenar que le trajeran ante su presencia al maestro de su infancia para exigirle una explicación por aquella injusticia de antaño.

-¿Por qué me castigaste sin que lo mereciera?- le preguntó.

-Cuando percibí tu inteligencia, supe inmediatamente que un día heredarías el trono de tu padre- respondió el maestro, –y quise mostrarte cómo la injusticia puede marcar a un hombre para el resto de su vida.

La naturaleza de las cosas

Dos monjes estaban lavando sus tazones en el río cuando vieron a un escorpión que se ahogaba.

Un monje lo sacó inmediatamente y lo puso sobre la orilla.

Durante el proceso fue picado. Volvió a lavar su tazón y el escorpión volvió a caer. El monje salvó al escorpión y fue picado nuevamente.

El otro monje le preguntó:- Amigo ¿por qué continúas salvando al escorpión cuando sabes que su naturaleza es picar?

El monje respondió:- Porque salvarlo es mi naturaleza.

Empezar por lo pequeño

Un asceta meditaba profundamente en su cueva cuando se sintió molestado por un ratoncillo que se puso a roer sus ropas.

-Márchate estúpido -dijo el ermitaño-. ¿No ves que has interrumpido mi meditación? -Es que tengo hambre -contestó el ratón.

-Llevaba más de treinta días de meditación buscando la unidad con Dios y me has hecho fracasar -se lamentó el ermitaño.

-¡Cómo buscas la unidad con Dios si no puedes siquiera sentirte unido a mí que sólo soy un simple ratón? -respondió el roedor.

La prisión de el odio

Dos hombres habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:

-¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?

-No, gracias a Dios ya lo olvidé todo -contestó-. ¿y tú?

-Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas -respondió el otro.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

-Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso.

Historias de autores desconocidos recopiladas en sabiasreflexiones.blogspot.com

 

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