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Seres ilimitados

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Cada acto, palabra y sentimiento es un acto de autodefinición que dice: esto es lo que estoy siendo ahora, pero bajo eso sigue estando, seguimos siendo, el creador ilimitado.

Somos ilimitados, sin embargo estamos viviendo en un plano material como seres humanos. ¿De qué nos sirve ser ilimitados e infinitos en un plano donde para actuar y relacionarnos bien podría ser útil movernos a través de ciertos límites?

Sería ideal actuar en el plano que estamos sin olvidar nuestra verdadera naturaleza, pero conscientes al mismo tiempo que elegimos el camino humano con las “limitaciones” y definiciones que este tiene.

Para estar aquí es necesario “definirme”, ya que es una forma de crearme a mí mismo, así es como elijo que parte de la totalidad expresar en este momento. Cada acto, palabra y sentimiento es un acto de auto definición que dice: esto es lo que estoy siendo ahora, pero bajo eso sigue estando, seguimos siendo, el creador ilimitado.

El problema viene cuando me identifico con mis definiciones, incluso cuando esas definiciones son aparentemente amplias (como ser solo inteligentes, sabios y luminosos todo el tiempo, sin permitirme hacer algo que se salga de ahí)

En casos extremos, es como si padeciéramos de un “complejo de auto definición”, es decir, la necesidad (o necedad) de querer diferenciarme, de querer saber quien soy a través de aquello que es efímero, apegándome a aquello que creo que soy ( mis roles, mis éxitos, y todo aquello que considere positivo en mi, aunque hay casos donde también nos aferramos a nuestras definiciones “negativas”).

Otra aspecto donde surge esta necedad de apegarnos a la definición es cuando denostamos lo ajeno o al otro o sus gustos, para remarcar que “yo no soy eso”. En el fondo, quizás, esa actitud solo muestre el miedo oculto y subterráneo a expresar yo mismo aquello que denosté afuera. Por ejemplo, cuando alguien remarca su aversión por algo que “estupidiza a la gente”, solo está reaccionando frente al miedo que le provoca verse siendo a sí mismo un estúpido, cuando esa estupidez esta dentro de todos.

Aquí se juntan los dos puntos: como somos ilimitados, tenemos el potencial para expresar TODO lo que existe y es imaginable (somos al mismo tiempo luminosos y oscuros, inteligentes y estúpidos), por lo que lo único que hago cuando me cierro (mediante la crítica o la negación del otro) a ciertas posibilidades, es negar una parte de mi mismo que estoy viendo reflejada en el otro. Somos todo lo que existe, ¿Por qué me negaría la posibilidad de expresar una parte del todo?

El punto es hacer lo que te haga sentido, soy potencialmente todo, pero elijo ser aquello que me sea útil para expresar aquella parte de mí que me hace sentido. Esto no va separado de darle al otro la posibilidad de expresar aquella parte del todo que para él/ella tenga sentido. ¿Quién soy yo para criticar a otro? Puedo señalarle que, quizás, lo que está haciendo no sea útil para algunas cosas, pero si lo rechazo solo está hablando el miedo que tengo de verme expresando a mi mismo eso que veo afuera.

Amar tiene que ver con dejar que el otro aparezca, completo. Para dejar que el otro aparezca tengo que soltar el juicio, bajarme de mi trono imaginario donde “yo se”, es un primer paso para dejar aparecer al otro, y por ende, amarlo.

El no juicio, el desapego a las ideas de mi mismo, la empatía y el recordar que somos seres ilimitados experimentándonos momentáneamente como seres que quizás necesitan definirse, abre la puerta a la aceptación de lo que es, tal cual es. Abre la puerta a amar.

Nicolas Tamayo
Publicado en animalespiritual.com

 

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