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Sylvia Plath

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El 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath, cansada de vivir, abrió la llave del gas y metió la cabeza en el horno para poner fin a su existencia. Su muerte apenas trascendió, en aquel momento todavía no era conocida en el mundo literario. Solo había publicado un libro, The Colossus, que no tuvo demasiado éxito.

Fue una gran poetisa, víctima de la soledad, del ambiente hipócrita que se vivía en Estados Unidos durante los años 50 y de un perfeccionismo obsesivo y paranoide que la forzaba a agradar a los demás, a superarse a sí misma: “El no ser perfecta, me hiere”, a lograr lo máximo en cada verso.

Su atracción por la muerte pudo iniciarse a los diez años, el fallecimiento de su padre la marcó poderosamente. Diez años después intentó suicidarse y una década más tarde lo consiguió.

MORIR

Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Lo hago por sentirlo hasta las heces.
Lo hago para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.
Es fácil ejecutarlo en una celda.
Es muy fácil hacerlo y guardar la compostura.
Es teatral.

“La intensidad poética de Sylvia Plath ha hecho de ella un mito literario. En 1982 se le concedió el Premio Pullitzer de poesía a título póstumo por la antología Poemas completos.”
María Dubón

“Es duro tener que estar obligados a vivir en una farsa constante,
en un teatro hipócrita donde el guión, además, tristemente, lo hemos escrito nosotros.
Sentirse incomprendido, solo ante un mundo que no sabe quien eres, ni siquiera tu mismo, y que no te facilita a que lo sepas. Hilos invisibles que sólo te dirigen a quien deberías supuestamente ser.

La mentira de que eso no se puede cambiar, que el teatro es real, ese perfeccionismo inventado que nos distrae, es lo que hace que hagamos que metamos la cabeza en el horno o debajo de un edredón para gritar un llanto ahogado que queremos dure eternemente hasta desaparecer.

Buscamos escapes, podemos ser zombis dependientes de la cocaína, orfidal, moda,…
segunditos que creemos de libertad.

Todo nos pesa,
nos pesa tanto, toneladas de aire infinito que no sabemos que podemos dejar volar y por fín, respirar…”

Airún M.

 

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