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“Una luz diferente”

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David Casinos es un atleta. De Valencia. 40 años, 90 kilos, 170 centímetros. Oro en lanzamiento de peso en los Juegos de Sydney. Oro también en Atenas y Pekín. Oro en lanzamiento de disco en Londres. Cinco veces campeón de Europa. Cinco veces campeón del mundo.

David Casinos es también ciego. Ciego total desde los 26 años. Una tragedia que su trayectoria y su personalidad han convertido en anécdota. Habla de cuándo perdió la vista como el que habla de un esguince de tobillo. “Pagaría por vivir otra vida como la que estoy viviendo, a pesar de no ver”, admite.

Una retinopatía diabética le apagó las luces hace 15 años y Casinos cambió los despachos de una multinacional por la jaula de las pistas de atletismo. “Fue algo circunstancial. Yo había practicado el atletismo muchísimos años atrás y gente que me conocía de entonces, de cuando era vidente, al enterarse de que había perdido la visión, me invitó a practicarlo de nuevo. Acepté, empecé esta nueva etapa y la estoy disfrutando muchísimo”, cuenta.

Esa “etapa” son cuatro Juegos Paralímpicos y otros tantos oros, el de Pekín como abanderado del equipo español. “Yo mismo ni me lo creo a veces”, reconoce. Ganó el oro en peso en sus tres primeros Juegos y siempre quedó demasiado cerca del podio en disco. Londres le regaló el oro pendiente. 38,41 metros de vuelo.

“Cuando me tocaba lanzar corría Pistorius y el estadio estaba volcado con él. No oía absolutamente nada. Tuve que parar varias veces para poder lanzar con tranquilidad. Yo creo que ese calor, ese sonido estruendo, al final me ayudó a motivarme más y lanzar más lejos. En uno de los lanzamientos, cuando salía el disco por aquella jaula sabía que los gritos iban dirigidos hacía mí. Yo levantaba las manos y volaba con el disco”.

Casinos cuenta que volaba y uno llega a dudar si es una metáfora o algo real. Casinos es una especie de Supermán que se siente capaz de todo. “Yo no me siento una persona con discapacidad, me siento muy capacitado para hacer muchísimas cosas. Si tengo que sortear algún muro o alguna barrera voy a por ella, la atravieso o la paso por encima. No hay ninguna barrera que no pueda sortear”.

Hay un magnífico documental sobre el atleta valenciano (‘Una luz diferente’), rodado antes de los Juegos de Londres, que descubre su día a día. Casinos va al fútbol como iba antes de perder la vista. Va al cine, juega a la Play, tuitea con un iPhone que le cuenta en voz alta cada retuit y le prepara cada noche la cena a Celia, su mujer y una de sus guías. La otra se llama Ximena, su perro-GPS. “Cuando la pierda volveré a ser ciego”, dice.

Le preguntas qué le gustaría hacer y no puede y se lo tiene que pensar. Mucho. Admite que no puede pilotar un cohete espacial, pero advierte rápido: “Puedo hacerlo desde mi ordenador”. Cree que algún día podrá conducir un coche con un GPS. Y al final reconoce: “Quizás me gustaría, una tontería, montar en bici. Puedo hacerlo en un tándem, pero ponerme a pilotar una bici me ha gustado mucho siempre, subir a una montaña, lanzarme cuesta abajo… Ahora no puedo hacerlo, pero alguien habrá que me pueda ayudar”.

A la espera de pilotar un cohete algún día, Casinos descansa pensando en 2016. “No lo tenía claro, pero cuando me colgaron la medalla en Londres dije: ‘Nos vemos en Río’”. Mientras, peleará porque se equipare la atención y las ayudas a los paralímpicos con las de los que compiten unas semanas antes. “Mis medallas valen igual que las de los olímpicos, mi trabajo es el mismo, entreno las mismas horas, me sacrifico igual, visto la misma camiseta, lo único es que yo voy con mi perro guía”.

Entrevista a David Casinos en El Mundo por Rodrigo Terrasa.

“Una luz diferente”, ganador del I Premio de cortometrajes Discapacine 2011 de Cocemfe

 

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