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Yo no soy este cuerpo y mente

cuerpo y mente

Sudatta era un rico hombre de negocios y discípulo de Buda. Solía emplear gran parte de su riqueza para ayudar a las personas pobres, desamparadas y huérfanas, por lo que se le conocía por el nombre de Anathapindika, que quiere decir “sostén de los huérfanos y desamparados”.
Cuando estaba a punto de morir, Buda envió a Shariputra y Ananda a que pasaran a verle para ayudarle en el trance.

“Escucha, amigo mío, ahora vamos a practicar juntos -le dijo Shariputra:

Inspiro y sé que este cuerpo no soy yo.
Exhalo y sé que no soy prisionero de este cuerpo.
Yo no soy estos ojos ni soy prisionero de estos ojos.
Yo no soy estas orejas ni soy prisionero de estas orejas.
Yo no soy esta nariz ni soy prisionero de esta nariz.
Yo no soy esta lengua ni soy prisionero de esta lengua.
Yo no soy este cuerpo ni soy prisionero de este cuerpo.
Yo no soy esta mente ni soy prisionero de esta mente.”

Estamos muy acostumbrados a identificarnos con nuestro cuerpo. La idea de que somos nuestro cuerpo se halla muy profundamente arraigada en nosotros. Pero nosotros no somos este cuerpo, sino que somos mucho más que él.
Debemos desembarazarnos de la idea de que “yo soy este cuerpo” y de que “este cuerpo soy yo”. Si no lo hacemos, sufriremos mucho.

También debemos desembarazarnos de la idea de que “yo soy estas formaciones mentales, sensaciones, percepciones o conciencia”.
Por ello, cuando alguien está agonizando debemos ayudarle, por encima de todo, a des identificarse de su cuerpo y de su mente.
Nosotros no somos prisioneros de nuestros sentidos ni de nuestro cuerpo ni de nuestra mente. Y cuando nos desembarazamos de esas ideas somos más grandes y más libres que todos esos conceptos.

“Amigo mío -siguió diciendo Shariputra a Anathapindika-, las cosas aparecen y desaparecen según causas y condiciones. La verdadera naturaleza de las cosas es no-nacer y no-morir. Nacimiento y muerte no son sino conceptos, en los que creemos y experimentamos como reales. Pero nuestra verdadera naturaleza es la naturaleza del no-nacimiento y de la no-muerte y, para ser libres, debemos establecer contacto con nuestra verdadera naturaleza.

Cuando el cuerpo o la mente se manifiestan decimos que existen, pero eso no es cierto. Y cuando una cosa no se ha manifestado decimos que no existe, pero eso tampoco es cierto. Debemos desembarazarnos de las nociones erróneas de ser y de no ser. Porque sólo existe el interser: las manifestaciones relacionadas según causas y condiciones.

Esta es una práctica indispensable para la liberación.
No debemos identificarnos con el cuerpo y la mente, ni con las formaciones mentales, ni con los órganos sensoriales ni con los objetos sensoriales ni con las seis conciencias sensoriales.
Estas conciencias se manifiestan cuando se dan las condiciones adecuadas y se desvanecen cuando estas condiciones dejan de presentarse.

La verdadera naturaleza de la realidad es interser, la vacuidad y el no-ego.

En ese momento de la meditación, Anathapindika empezó a llorar. Era la primera vez que escuchaba la enseñanza profunda de la vacuidad, el no ego y el interser. Necesitaba esta enseñanza sobre la naturaleza del no-nacimiento y la no-muerte para no sufrir, pero nunca había tenido la oportunidad de estudiarla ni practicarla.

Lloro porque he servido al Buda y a la Sangha durante muchos años y jamás había escuchado una enseñanza tan profunda como ésta -explicó-.
Es maravilloso. Soy libre.

Amigo mío -dijo Ananda-, éste es el tipo de enseñanzas que a diario reciben los monjes y monjas.

Venerable -replicó entonces Anathapindika-, dile, por favor, al Buda que, aunque muchos laicos estén demasiado ocupados para aprender esta enseñanza y practicarla, hay también muchas personas capaces de recibirlas y aplicarlas a su vida. Te ruego, pues, que transmitas al Buda mi petición de que la enseñe también a las personas laicas.

Poco después, Anathapindika moría tranquilamente y en paz, feliz.

Esta historia se cuenta en el texto “Enseñanzas para los moribundos”, que debería estudiar todo aquél que desee ayudar a las personas en el proceso de la muerte.

Para ayudar a una persona cuya manifestación está a punto de concluir, no debes tener miedo en tu interior. Debes ser capaz de establecer contacto con el no-nacimiento y la no-muerte que hay en tu interior. Con la vacuidad, el no-ego y el interser.

Si quieres ayudar a los moribundos (y a ti mismo), debes practicar. La práctica puede ayudarte a desarrollar la estabilidad, la valentía y las técnicas que te permitan ayudar a los demás a morir en paz. Y a ti mismo, a vivir y a morir en paz.
No olvides jamás que la muerte es tan importante como la vida.

Del libro “Estás aquí”, de Thich Nhat Hanh.
Publicado en reflexionesdeunaestudiantebudista.com

 

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